Parecía una mujer apurada, llevaba un cuaderno y un bolsito artesanal de los que tanto me gustan.
Perdón, ¿Me podrías decir la hora porfavor?.(Que pregunta tan banal y tan baja como para querer llegar a ella), en ese momento me sentía tan incómodo o simplemente estúpido pero su respuesta pronta frenó mi tambaleo.
Son las seis y media. Ok muchas gracias.
Desde ese momento aparte de saber la hora sabía también cual era el timbre de su voz.