
Agoto el tiempo en mi guarida
y me entorpece el silencio.
Me levanto dormitado,
para construir los rieles de tu cuerpo
para encontrarme en tu espalda
y estacionarme en tu pecho.
Despiértame una mañana cualquiera
y cuéntame cual es el color del cielo
regálame una sonrisa
y abrázame con tus sueños.
No dejes que me duerma,
que mis ojos se congelen con el hielo
que tu aroma me abandone
y se convierta en recuerdos.
Por tus piernas caminaré
hasta la punta de tus dedos
y con tiempo de sobra
me daré la vuelta entera
hasta encontrar tus cabellos.
Cantaré las palabras correctas
e inventaré mil colores nuevos
conoceré la lentitud de tu tiempo
esas flores blancas de tus adentros.
Y esconderé tu boca
y a las aves le quitaré su derecho,
porque sólo nuestro será ese vuelo
porque sólo míos serán tus besos.
(Camilo).
