
Nunca fuiste, eres ni serás mía.
Siempre has sido de otro,
otro que tiene ojos sin vista,
que tiene las manos apretadas y sin magia.
Nunca fuiste ni serás mía,
siempre estuviste marcada a las caricias sin manos,
al amor enjaulado y de palabras imaginadas.
Nunca fuiste, eres ni serás mía.
El tiempo te acostumbró a los abrazos sin brazos,
a los besos sin boca,
al "te quiero" sin palabras.
Nunca fuiste ni serás mía,
porque tu palabra siempre fue ajena,
buscando la apertura al deseo,
al cielo dibujado que tenías en tus manos.
Yo he sufrido mucho por amor,
del desvelo agónico formé mi almohada
y de las lágrimas mi mar.
Quise volar contigo y contigo
y a ti quise mostrarte el cielo,
un cielo de colores guardado en mi alma.
Que importaban las canciones,
los deseos, la magia y el sueño.
Que importaba mi amor tendido
como la ropa húmeda al sol,
cómo el racimo que se desprende de la parra.
Las palabras eran como shampoo en tu pelo,
corrían como el agua y de vez en cuando
liberaba tu sonrisa sincera.
Mi arte se desparramó por la tierra
intentando volar a tus ojos cerrados,
intentando encontrarte en tu bosque perdida.
Pero nada servía,
porque nunca fuiste, eres, ni serás mía.
Estas amarrada a tu historia,
a los pasos imaginados de tus sueños.
Y a ti también te amo
a pesar de mi muerte,
del sacrificio de mi sangre.
Eres la estrella fugaz que intenté alcanzar con mis manos,
pero que se perdió en el cielo nocturno.
Esperando, esperando.
...
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