sábado, 20 de marzo de 2010

Desgarré la Matriz del Sueño.


Desgarré la matriz del silencio
y subí por los escalones del sueño,
la voz en mis arterias se hizo grito
y cual Ícaro volé, desde la punta de mis dedos.
Chocaron las estrellas con mis ojos,
chocaron los planetas con mi cuerpo,
como nube abierta me fui
hacia otros infinitos cielos.
Qué liviano ser un soplo, un suspiro o un ruego,
saber que mil cadenas se quedaron tan lejos,
saber que los cilicios laceran otros cuerpos.
¡Qué dulce huir tan solo
por esos intrincados parajes de los sueños!.

Viene el amanecer y estoy distante
de la punta de mis dedos...
¿Dónde están mis uñas marcadas de agonía?
¿Dónde la cálida esencia que cubre mi cerebro?
Mis pupilas redondas escudriñan lo arcano,
no sé si soy o he sido, no sé si voy o vuelvo,
voy por las mares desiertos, paso angostos senderos
voy ¿a dónde? Sólo un vagar incierto,
sólo un temblor de ave que agoniza en su celo,
una hondura inquietante y un errar casi eterno.

Desplazadas las horas emprendo mi retorno,
eternidad, infinito, Delta Sagrado, unidos
en lo arcano e impasible del tiempo.
¿Por qué? grito a los mundos. ¿Por qué?
¿Por qué me cierran las puertas que golpeo?
¿Por qué entre mis cristales no hace su flor de hielo?
¿Por qué entre mis ramales no saltan los vencejos?
La inmensidad responde con ecos de mi eco,
soy realidad o sueño, soy un rayo vital
o un átomo muriendo, nada se pierde
en el sabio Universo, transformación eterna,
morir para dar vida, vivir con muerte dentro.

Llega el alma entonando sinfonías de fuego,
no hay evasión y vuelvo a la punta de mis dedos,
cierro la tapa que cubre mi cálido cerebro,
y camino por el mundo arrastrando mi cuerpo.






(Catalina Iglesias).

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