
Mi último desahogo.
A quien engañas,
mas allá de toda postura,
mas allá de toda perspectiva,
es la soledad la acompañante de tus noches,
es la soledad la acompañante de tus días.
No me engañas con esa sonrisa tranquila,
ocultando el trasfondo de todo,
dibujando tu confusión.
Tu amor de un pasado marcado por el accionar,
marcado por un presente que te gustaría sentir.
No arregles tus actos ni los que cometiste,
no digas que fue otro el camino
ni que nunca abrazaste otros brazos
luego del momento del adios.
Yo sé que camino tomaste,
yo sé como actuaste,
porque yo te observaba siempre
y trataba de acompañarte en mi distancia.
No alimentes mis ilusiones de falsedades,
de futuros inciertos, porque yo sé que aun estas ligada a un pasado,
a un camino que niegas.
Aunque hoy rías, aunque hoy saltes y grites,
aunque salgas corriendo, en el fondo aun existe una bruma, un deseo
oprimido en tu alma, un paso ambiguo, un recuerdo de un amor esquivo.
El niño ingenuo que era se fue a volar, ahora se queda el hombre de memoria atenta y de ojos abiertos, el hombre que se quiere por lo valioso que es, el hombre que avanza, que rie y que canta, quien está tranquilo porque siempre actuó con el bien por delante, con el amor por emblema.
No te engañes, yo siempre vi tus ojos, siempre leí tu alma.
(Camilo)...
No hay comentarios:
Publicar un comentario